Un día en clase de primaria la profesora nos preguntó por nuestro animal favorito. Yo no sabía que contestar, pero el resto de la clase lo tenía muy claro, los animales más populares resultaron ser los perros, los gatos y las ardillas. La profesora me mandó como deberes buscar mi animal favorito.
Quería buscar un animal exótico, salirme de lo común y ojeando unas fotos de la visita al zoo de mis padres encontré la solución: El tucán.
El fotografó del zoo les hizo una foto a mis padres mientras paseaban en busca de la jaula de los leones y luego se la vendío en un marco donde había un dibujo de un tucán portando una cámara de fotos.
Desde ese día me obsesioné con los tucanes hasta que mis padres no tuvieron más remedio que llevarme a mí al zoo para que lo viera. Lamentablemente para mí fue una gran decepcción. Yo notaba como todos los niños de mi clase tenían una complicidad especial con sus mascotas. Cuando me puse frente al tucán solo vi a un pájaro arrogante que poco tenía que ver con ese que salía en los dibujos. Desde ese día volvi a no tener animal favorito.
Un día mi madre vio en una tienda un libro de caballos y pensó que me podría gustar, por eso de la raza andaluza de los caballos... Empecé a enamorarme de los caballos, aunque no me atrevía a montarlos. Pensaba que si había caballos marrones, que es un color muy feo, también podrían existir caballos rojos, rosas y naranjas, que son colores bonitos. Como era bastante cursi pensaba en tener un caballo rosa con el pelo azul. Bastante influida por los dibujos animados ochenteros que veía, esa combinación de colores me parecía perfecta.
Más tarde entendí que los caballos no eran de colores, que los que eran de colores eran los ponys. pero eso es otra historia.
Años atrás, hace un año, soñé que tenía una enfermedad que hacía que por las noches me convirtiera en jirafa , mi madre me ponia una sillita de montar y me mandaba al cole de jirafas novatas.
Quería buscar un animal exótico, salirme de lo común y ojeando unas fotos de la visita al zoo de mis padres encontré la solución: El tucán.
El fotografó del zoo les hizo una foto a mis padres mientras paseaban en busca de la jaula de los leones y luego se la vendío en un marco donde había un dibujo de un tucán portando una cámara de fotos.
Desde ese día me obsesioné con los tucanes hasta que mis padres no tuvieron más remedio que llevarme a mí al zoo para que lo viera. Lamentablemente para mí fue una gran decepcción. Yo notaba como todos los niños de mi clase tenían una complicidad especial con sus mascotas. Cuando me puse frente al tucán solo vi a un pájaro arrogante que poco tenía que ver con ese que salía en los dibujos. Desde ese día volvi a no tener animal favorito.
Un día mi madre vio en una tienda un libro de caballos y pensó que me podría gustar, por eso de la raza andaluza de los caballos... Empecé a enamorarme de los caballos, aunque no me atrevía a montarlos. Pensaba que si había caballos marrones, que es un color muy feo, también podrían existir caballos rojos, rosas y naranjas, que son colores bonitos. Como era bastante cursi pensaba en tener un caballo rosa con el pelo azul. Bastante influida por los dibujos animados ochenteros que veía, esa combinación de colores me parecía perfecta.
Más tarde entendí que los caballos no eran de colores, que los que eran de colores eran los ponys. pero eso es otra historia.
Años atrás, hace un año, soñé que tenía una enfermedad que hacía que por las noches me convirtiera en jirafa , mi madre me ponia una sillita de montar y me mandaba al cole de jirafas novatas.
Fue entonces cuando la jirafa tomó el trono de animal favorito pero con estos argumentos tan débiles no me extrañaría que al final algún día me decida por los perros